El funcionamiento de un organismo vivo está determinado por sus células. Las radiaciones ionizantes (tales como las que se producen en el uranio con el que se trabaja en las centrales nucleares y que, como se señalara más arriba, es desechado mediante el reprobable método descripto) pueden romper los enlaces entre los átomos dentro de las moléculas de las células vivas. Puede también cambiar la naturaleza de los átomos mismos. Tal daño a una célula puede ocasionar su muerte o un cambio en su funcionamiento.

La radiación ionizante puede visualizarse como un transporte de energía. La interacción de esta energía con la materia ocasiona peligrosos daños.

Las células tienen la capacidad de reparar algunos daños, pero si estos son muy grandes o se producen en un sitio muy vulnerable de la estructura de la misma, pueden ser irreparables.

En general, los efectos de la radiación pueden dividirse en aquellos que afectan a los individuos que han estado expuestos a la radiación y los efectos que se transmiten a sus descendientes.

Los "efectos somáticos" son los que aparecen en los individuos irradiados. Aquí se incluye la leucemia y el cáncer. Los "efectos hereditarios" son los que aparecen en las generaciones subsecuentes.

Existen tres efectos principales que las radiaciones pueden producir en las células vivas: 1. Pueden matar la célula; 2. U ocasionar una afectación en la reproducción de la célula; 3. O bien dañar células en los ovarios o testículos, produciendo una anormalidad hereditaria en la procreación.

En la mayoría de los casos, la muerte de células sólo se vuelve significativa cuando muere un gran número de células. La mayoría de los órganos contienen más células que las necesarias para mantener su funcionamiento normal. Los efectos de la muerte de células se vuelve importante en casos de grandes niveles de dosis.

Si una célula dañada es capaz de sobrevivir a la radiación, la situación es diferente. En la mayor parte de los casos los efectos de la célula dañada pueden no aparecer nunca. Una pequeña cantidad de células que no funcionen correctamente no afectará significativamente a un órgano donde la gran mayoría de las células mantienen su comportamiento normal.

De todos modos, si la célula afectada es una célula germinal dentro de los ovarios o testículos, la situación es bastante diferente. La radiación ionizante puede dañar el ADN, la molécula que actúa como el "manual" de las células. Si esa célula germinal luego engendra un niño, todas las células del niño llevarán el mismo defecto. La alteración química del DNA en una sola célula puede luego expresarse como una anormalidad hereditaria en una o más generaciones.

Del mismo modo, cuando una célula del tejido vivo es modificada de tal modo que su descendiente escape del control del proceso que regula la replicación de las células, el grupo de células así formadas puede tener ventajas para crecer en relación a las células circundantes.

Esto puede volverse en un cáncer detectable y en algunos casos, ocasionar la muerte por la expansión local o hacia otras partes del cuerpo.

El uranio presenta dos tipos de riesgo, por un lado es un elemento cancerígeno por ser radiactivo y además es tóxico por sus propiedades químicas. Es un emisor alfa y desde el punto de vista químico presenta especialmente toxicidad renal.

Los nitratos que se han medido cerca del CAE (CAE) son tóxicos para la salud. Este contaminante está asociado con enfermedades como la metahemoglobinemia (síndrome del bebé azul) en lactantes y también se ha vinculado la ingesta de nitratos con el incremento del riesgo de cáncer gástrico